jueves, enero 17, 2008

Know thyself - Parte II

¿Conocerse?. ¿Cambiar?.
Yo ya no "pensaba". Podría hablarse de una etapa sensorial y libre de preocupaciones. Mi primer año de facultad era una escuelita: física, matemática y química, todos los días de 8 a 13, todo sobre ruedas. Siempre alguna chica dando vueltas había. ¿Futuro? ¿qué es eso?. Yo, otra vez, estaba conforme con quien era.
Un buen día de invierno, una de esas chicas pasó a ser otra cosa. Ella, que tenía algo que nunca había terminado de entender, de pronto fue lo más importante para mí. La idealidad de esos primeros tiempos con C. fue algo que muy pocas cosas pudieron superar.
Pero con el tiempo aparecieron cosas que me empezaron a molestar, a generar malhumor, incomodidad. Nimiedades, cosas puntuales, actitudes. Y claro, la culpé a ella, yo no podía estar equivocándome... yo estaba bien como era. O al menos eso creí hasta que empezaron a haber cosas de las cuales me avergonzaba, o que no quería decirle porque sabía que estaba equivocado, que era algo infantil, o simplemente absurdo... ¿cómo le iba a decir "estoy enojado porque me irrita que seas así y asá"?. Entonces, venía el hermetismo: "¿qué te pasa?" "nada" "¿qué te pasa?" "nada". Yo no estaba enamorado, pero no me daba cuenta, creía que lo que me pasaba era natural. Tardé mucho tiempo en desengañarme. Cuando me dí cuenta, claro, ella se había cansado de todo hacía un año.
Ese año que pasé solo me sirvió de mucho. Creo que fue la época en la que empecé a conocerme. Cosas que yo sospechaba, en las cuales nunca había profundizado, se hicieron patentes. Decididamente no me gustaba del todo como era. Fui descubriendo que esas cosas que me molestaban de mí podían interferir con lo que yo quería. Cuando creía que tenía todo claro, y recuperaba mi jovialidad perdida, apareció P.
Siempre fui consciente de las cosas que nos podían destruir. Desde el primer momento supe que ella era inexpresiva y complicada. En un momento eso me atrajo, debo admitir. Por un tiempo creí que mi hermetismo estaba curado, al ver que esta vez el papel de interrogador era mío, y que la que no soltaba palabra era ella. Casi creí que era una cuestión de instant karma.
Paulatinamente comencé a notar otras cosas en mí: cierta crueldad, inseguridad, orgullo. El orgullo nos mataba a los dos. Y cambiar... ella decía cambiar, ella cambiaba. Muchas veces para mejor, algunas para peor. Yo... yo decía querer cambiar. Luchaba con algunas cosas, con mayor o menor gana, pero irremediablemente caía en el orgullo y en la terquedad ante las situaciones que no me gustaban.
Sufrí mucho durante la relación, hasta que comencé a perder la sensibilidad. Me fui por las ramas, y en cierto modo ninguno de los dos estaba ahí. De cambiar ya no se hablaba, aunque yo había aprendido aun más de mis defectos.
Muchas cosas habían dejado de tener sentido, y más que nunca me atacó la preocupación por no saber realmente qué quiero para mí. Eso es algo que probablemente a muchos les soprenda, pero es una constante en mi vida.
Comencé a despreciarme a mí mismo por la situación sin salida en la que me veía. No cuestionarme, no entenderme, me llevaba a sublimar todo en animosidad contra mí mismo. Mientras tanto, mantenía en precario equilibrio todo lo que componía mi mundo. Total, ya vería...
¿Conocerse?. ¿Cambiar?.

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1 Impresiones:

Blogger gerund pensó que

por favor, decime que hay una parte 3!!!

(me encantaron las dos!)

4:09 p. m.  

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